PAÍS RESTRINGIDO, AMOR EN LIBERTAD

Hemos tenido el privilegio de recibir la visita de nuestros hermanos misioneros en Asia. Por razones de seguridad, no podemos revelar su imagen; las descripciones y las fotografías que expondremos a continuación tienen el objetivo de preservar sus identidades.

A través de diversas fotografías, nos ilustraron cómo es vivir en un contexto musulmán. En la región donde se encuentran trabajando, hay un alto porcentaje de analfabetismo; es común encontrar adultos que no saben leer ni escribir. Si bien hay escuelas, la educación en aquel país no es mixta. Con mucho esfuerzo y sacrificio, nuestros hermanos comenzaron a edificar una escuela para mujeres. Esto significó una meta muy grande hecha realidad, tanto para ellos como para las personas que hoy tienen acceso a la educación.

Existe también otra problemática en este país y que, si bien se encuentra en muchos otros lugares del mundo, duele más cuando podemos percibirla desde cerca. Una inmensa cantidad de niños trabaja entre 8 y 12 horas en la elaboración de alfombras que luego son exportadas y vendidas a precios exorbitantes. Nuestros misioneros han trabajado para cambiar la realidad de esta joven generación, ofreciendo tratamientos de fisioterapia para remediar las malas posturas adquiridas en el trabajo, donando juguetes, y brindando la contención afectiva necesaria.

Nuestros hermanos nos relatan el parecido del país con los escenarios de la época bíblica. La semejanza es tal que la mayoría de los antiguos puestos de trabajo se conservan como una especie de “reliquia histórica.” Gracias a eso, hoy en día es muy fácil enseñar por medio de parábolas.

“Yo no necesito que Dios haga algo para creer en Él, yo creo en Él,”

nos expresaba nuestra hermana luego de proyectar algunas imágenes de esta realidad tan distante.

Luego de una introducción  muy dinámica, el tema central fue la importancia de conocer la cosmovisión de cada individuo. Pero, ¿qué significa específicamente?

La Cosmovisión es la forma de ver el mundo que tiene cada persona. Los musulmanes practicantes, por ejemplo, creen que Adán y Eva eran musulmanes, así como David, Moisés, y todos los grandes héroes de la fe que figuran en la Biblia. Frente a esta situación, debieron realizar un trabajo de investigación semejante al que hacen los antropólogos. En la misión, uno no siempre está dispuesto a este tipo de sometimiento, pero es necesario empaparse de la cultura, los hábitos y las costumbres, con el fin de conocerles a nivel personal y presentar el evangelio con eficacia.

Mediante dicho proceso de estudio, aprendemos que el término “Musulmán” surge como una política y no como una religión, tal como se cree vulgarmente. De hecho, la práctica del evangelismo en contextos musulmanes conlleva un trabajo teológico sumamente significativo, pues existen muchos aspectos que los islámicos no comprenden acerca del mundo cristiano. Como cristianos, cuando queremos compartir acerca del amor de Jesús, enseñamos que nuestra alma irá al cielo. Un musulmán, sin embargo, nunca podría entender eso pues, al no reconocer a Jesús como redentor, considera que aún existe una inmensa brecha entre Dios y los hombres. Por ende, el cielo se convierte en un lugar de acceso a todos los placeres que Alá no nos concedería en la tierra.

Además, desde la cosmovisión musulmana, el término “cristiano” hace referencia a los países que se autodenominan cristianos, tales como Estados Unidos, a su idiosincrasia, y sus políticas en general. En consecuencia, se relaciona al cristianismo con la cultura pop, el matrimonio igualitario, las altas tasas de divorcio, etc. Para ellos, todos los que profesan el cristianismo son iguales; les cuesta crear lazos de confianza. Ellos necesitan, primeramente, conocer a las personas en profundidad para recibir el mensaje de Salvación. Esto significa una siembra constante.

Un misionero que se prepara para el campo transcultural en la República Islámica debe estar dispuesto a pasar tiempo conociendo y descubriendo cómo son y cómo viven los musulmanes. De acuerdo con las estadísticas, este trabajo lleva de 3 a 5 años en el campo, dependiendo de la etnia. No obstante, toda siembra tiene su recompensa. Cuando Noé fue advertido acerca del diluvio, empezó a construir el arca; creyó a Dios, pero trabajó para el cumplimiento de la promesa.  Eso nos habla de preparación, estudio y esfuerzo.

Otro elemento importante que nos enseñaron nuestros hermanos fue la importancia de compartir las buenas noticias en el lenguaje de la propia etnia, ya que esto es un acto de amor y respeto.

“La preparación demuestra nuestra Fe. Cuesta, porque tendemos a querer lo instantáneo. En los países menos evangelizados, cuesta más. Por eso debemos tener plataformas para ingresar, ya sea un negocio, una ONG, una profesión…”

La enseñanza concluyó  con el pasaje de Lucas 2:52,

“Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres.”

El misionero por excelencia, Jesucristo, nos anima a crecer en nuestra relación con Dios y en nuestra relación con el prójimo.

¡Hasta lo último de la Tierra!