¿Movilización o Manipulación?

Como iglesia, creemos en el liderazgo y procuramos el crecimiento sano de cada miembro a través de la paternidad espiritual. Una llave importante para el ministerio eficaz es el saber movilizar al pueblo de Dios para la obra del Señor. Pero la movilización exterior sólo es el resultado visible de la movilización interior.

“Manipular”, por el contrario, significa manejar, dirigir o controlar hábilmente a una persona para lograr deseos personales. La manipulación se basa en la necesidad y, si somos motivados por la necesidad, muy pronto nos convertiremos en personas controladas por ella.

Tomemos como ejemplo supremo a Jesús: Él vivía con gente llena de necesidad y tenía compasión por ellos, pero no obraba de acuerdo con la necesidad, sino según lo que el Padre le decía. Jesús movilizó a los discípulos para ser llenos del fuego del Espíritu Santo y así cumplir la Gran Comisión.

 

“Entonces Jesús los llamó y les dijo: —Sabéis que los gobernantes de los gentiles se enseñorean sobre ellos, y los que son grandes ejercen autoridad sobre ellos. Entre vosotros no será así. Más bien, cualquiera que anhele ser grande entre vosotros será vuestro servidor.” (Mateo 20, 25-26)

 

 

“Movilizar” significa “establecer un estado de prontitud para el servicio activo; utilizar nuestras energías para la acción”. En términos generales, la movilización se refiere a cualquier suceso por el cual el pueblo de Dios es despertado, se mueve y crece hasta encontrar un lugar de participación estratégica en la Evangelización Mundial.

La movilización espiritual difiere de la manipulación en que está cimentada en los principios bíblicos, y su motivación se centra en Dios y no en el hombre. No se centra en la carne o el ego. No es un ministerio orientado a suplir necesidades, sino que busca seguir los mandatos de Dios.

Cuando estamos movilizados, deseamos actuar e incluso estamos dispuestos a tomar riesgos de fe. Ser personas movilizadas significa ser estables y fieles; ser aquellos que en tiempos de crisis buscan una solución. Quien está movilizado vive cimentado en la Palabra de Dios y actúa conforme a ella; no manipula ni se aprovecha de otros; es compasivo y amable; siempre tiene una palabra de ánimo, y su fe es inquebrantable.

Una congregación movilizada se renueva espiritualmente. Una iglesia movilizada tiene amor ferviente y compasión por las almas perdidas, y sus miembros están activamente comprometidos con la Gran Comisión. Una iglesia movilizada tiene mentalidad de Reino, y no una mentalidad sectaria. Es una iglesia adoradora, con avivamiento, y llena de la manifestación del poder y la gloria de Dios.

Para movilizar, debemos volver al ministerio guiado por Dios en lugar del ministerio guiado por la necesidad. Debemos confiar en Dios y no en nosotros mismos. La organización, la cooperación, la multiplicación, la sana doctrina; todo esto es importante, pero sólo Dios puede enviar el fuego, la gloria y el despertar que movilizan a Su pueblo. Como un cuerpo sin respiración ni vida, así es el pueblo de Dios que es organizado, unido y doctrinalmente capacitado, pero que aún carece del soplo de vida del Espíritu Santo.

 

“Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió, es Dios, el cual también nos ha sellado, y nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones.” 2 Corintios 1:21-22

 

 

¡Hasta lo último de la Tierra!