“GUTEN ABEND”

Dialogamos con Elsa Bardol quien, en su paso por Córdoba, Argentina, nos relató su experiencia familiar en el campo misionero de Alemania. El diálogo se centró en las costumbres y características de la sangre alemana, que contrastan de todas las maneras posibles con la cultura latina.

 

¿Qué rasgo general predomina en este lugar del mundo?

“Se trata de una sociedad sumamente individualista. Dios nos creó para estar en relación con otros, así que es un aspecto de la cultura que se contradice mucho con la naturaleza de Dios. La ausencia de sociabilidad produce, a largo plazo, un vacío interno que da lugar a la depresión, la angustia y el suicidio. Esta alegada independencia se construye desde una edad muy temprana. Con tan sólo 5 o 6 años, los niños van solos a la escuela. Lógicamente, no existe la inseguridad que hay acá (risas). Cuando llegan a la edad de 16 o 18 años, los adolescentes ya son “aptos” para independizarse de sus padres. No obstante, si deciden continuar viviendo con ellos, se les cobra alquiler. Son culturas muy distintas.”

¿Cuál fue el obstáculo más grande que debieron enfrentar como misioneros?

“El obstáculo más grande, con el que sigo luchando hasta hoy, es justamente esta cultura individualista, básicamente porque contrasta muchísimo con nuestra idiosincrasia. Otro rasgo de personalidad de los alemanes es su manera franca de decir las cosas. Cuando se expresan, no dan “rodeos” como nosotros. Son directos, y siempre resaltan los aspectos negativos. Es necesario conocer y entender esta forma de comunicación para no dañarse sentimentalmente.”

¿Cómo son las relaciones sociales?

“Como argentinos, solemos disfrutar cuando nuestros amigos nos visitan, y hasta pudiera suceder que lleguen a nuestro hogar sin previo aviso. Pero para la cultura alemana, esto representa una marcada violación de la privacidad. Por eso, junto a mi familia y de a poco, comenzamos a “romper el hielo” en la iglesia. Dijimos a nuestros amigos:

“Somos latinos, ¡nos encanta que nos visiten cuando lo deseen!”

Para ellos no es fácil aceptar estas “visitas espontáneas”, pero hemos conseguido que algunos vengan a nuestro hogar de forma casual. En Alemania, todas las actividades se realizan con cita previa, incluso los llamados telefónicos de larga duración. Ellos agendan todo, literalmente… ¡hasta cuándo tienen que regar las plantas!”

¿Se ora por sanidad en las iglesias?

“Sí, se ora por sanidad, pero en grupos pequeños. Cuando oramos en grupo, hacemos pausas entre cada hermano y finalizamos con otro silencio profundo. Los servidores tenemos un tiempo de oración más desestructurado antes de comenzar cada reunión. Lo suelen llamar ‘oración a lo africano.’ Allí sí hay ‘más libertad’.”

¿Cómo se evangeliza en un país con tantas estructuras?

“La forma de evangelizar es de persona a persona. Estamos trabajando con refugiados que llegaron al pueblo. Llegan con muchas necesidades físicas, y nuestra tarea es acompañarlos. También trabajamos en un centro de refugiados para jóvenes. Fui convocada por esta organización para enseñar el idioma alemán. Aquí hay gente de muchos países. Pasado un tiempo, trabajé también en un hogar de niños alemanes. Además de huérfanos, asistimos a los llamados “niños problema” (pequeños con problemas de conducta y problemas físicos como autismo, retraso, etc.), diagramando un programa de inserción a la escuela integradora.

Dentro de ese hogar, había una chica a la cual le prediqué de Jesús, y era mi discípula. Le pregunté si alguna vez habían tenido alguna actividad religiosa, ya que el hogar tiene raíces luteranas. Ella me contestó que no. Una noche, me desperté y Dios comenzó a darme temas para compartir con los niños. Cuando comenté esto a mi discípula, ella me dijo que había tenido un sueño similar, la confirmación de que Dios nos estaba hablando. Solicité una audiencia con el jefe del hogar y le planteé, entre otras cosas, que quería hablar a los niños acerca del amor de Jesús a través de una clase. El encargado aceptó y, en acuerdo con las demás profesoras, inauguramos una cátedra que fue luego conocida como la “hora de religión”.

Si bien comenzamos abordando temas morales, luego avanzamos siguiendo la historia de Jesús. Hemos podido continuar con esta labor durante un año y medio. ¡Gloria a Dios!”

 

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¡Hasta lo último de la Tierra!