¿Cómo oirán, si nadie les predica?

En los próximos años, tenemos un inmenso desafío: que el evangelio de Cristo sea expandido a todos los pueblos del mundo. Estadísticamente, se considera que el 10 % de la población mundial profesa el cristianismo. La realidad puede diferir un poco, ya que si le preguntamos a cualquier persona en la calle si cree en Dios, puede que su respuesta sea afirmativa. En este caso, podríamos decir que la tercera parte de la población mundial se identifica como creyente.

Cuando un misionero se prepara para salir al campo, debe ser consciente de los miles de etnias que nunca han escuchado el mensaje de Salvación. Las estadísticas muestran que, de cada 30 misioneros enviados, sólo uno llega a una etnia no alcanzada. La tarea de ir a una etnia no alcanzada supone un esfuerzo titánico. Por eso es necesario “despertar” a los cristianos, para que seamos los pies que van, las rodillas que oran, las manos que dan.

Si bien existen muchas maneras de evangelizar (las maneras difieren de acuerdo con la cultura), cuando le predicamos a la gente, tenemos que dejar de lado nuestra actitud de “conquistadores”; debemos ir en vulnerabilidad y en debilidad. El apóstol Pablo lo expresa así:

 

Por eso me complazco en las debilidades, en insultos, en privaciones, en persecuciones y en angustias por amor a Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.”

2 Corintios 12:10 (LBLA)

 

Frente a esta situación, el primer paso que debemos dar como cristianos es intentar entender la realidad. Hay muchos lugares gobernados por regímenes autoritarios, y el ingreso es casi imposible. Necesitamos también conocer a la gente. Jesús amaba a las personas. El amor a alguien implica conocimiento, saber cómo piensa el otro. Como sociedad, a veces nos cuesta aceptar la opinión del otro, y eso dificulta el diálogo. Por eso debemos replantearnos si estamos dispuestos a humillarnos y a invertir tiempo en las personas.

 

¡Hasta lo último de la Tierra!